— ¿Eres un fantasma? — pregunta ella, sonriendo.
Valentina entiende: el rostro diurno de Mateo es la máscara del héroe. Y el nocturno, su esencia.
Mateo, en su versión nocturna, se ríe. Por primera vez en años, alguien lo mira sin asco. Valentina regresa cada noche. Caminan, hablan de arte, de naufragios emocionales, de cómo la luz equivocada puede arruinar la mejor fotografía. Se besan bajo un farol roto. Mateo se enamora… pero también se aterra. ¿Qué pasará si ella lo ve al día siguiente?