Memorias De Una Pulga Tomo 2 Apr 2026

Tras sobrevivir al holocausto del baño de la Marquesa —aquella noche de vino y azufre—, salté hacia un nuevo continente: la cama del ilustrísimo Obispo de la Diócesis Secreta. Y fue allí, en el silencio de sus sábanas de hilo irlandés, donde comprendí que los pecados de la carne no entienden de hábitos ni de mitras.

No crean que abandoné aquella alcoba por falta de moral. La dejé por exceso de pulgas. Un hermano mío, más audaz, me contó que en el jardín de la condesa de Bérgamo se celebraban tertulias de otra naturaleza. Allí las esposas de los banqueros y los ministros se reunían para bordar... o eso decían. La verdad, amigo mío, era que bajo los rosales se escondían no solo pétalos, sino también calzoncillos de seda y cartas de amor escritas con sangre de labial.

—¿Qué haríamos si nos descubrieran? —preguntó ella una noche, mientras se desprendía de sus enaguas. memorias de una pulga tomo 2

Allí, en el baile de sus caderas, la pulga aprendió que el adulterio no es más que el intento del cuerpo de recordarle al corazón que aún late. Y que el único pecado verdadero es aburrirse.

Y allí, sobre la almohada de plumas de cisne, ocurrió lo que ni el mismo Arzobispo habría podido bendecir. La pulga, testigo ocular, saltó al ombligo de la doncella cuando él besó aquella parte que ningún breviario menciona como sagrada. Descubrí entonces que los besos más pecaminosos no son los que se dan en la boca, sino aquellos que se disfrazan de absolución. Tras sobrevivir al holocausto del baño de la

Más ven cuatro patas sobre una almohada que dos ojos ante un espejo.

Fin del fragmento del Tomo 2 de Memorias de una Pulga . La dejé por exceso de pulgas

—Lo mismo que hacemos ahora, pero llorando —respondió él, y luego la besó de un modo que me hizo olvidar mi instinto de saltar.

—No, excelencia. Es caridad.