Pero la certeza, pensó después, es solo una forma elegante de la ceguera.
El cambio ocurrió sin estrépito. Durante la Gran Purga de los Susurros, cuando los jueces de la Conclave ordenaron la aniquilación de los elfos de las cuevas del sur —llamados Umbrales , acusados de pactar con raíces que crecían hacia abajo, hacia un corazón de tiniebla consciente—, Kaelen obedeció. Mató. Quemó galerías enteras donde colgaban tapices de musgo bioluminiscente y canciones escritas en hueso. Cronica de la Tierra Oscura- El Elfo Caido
Kaelen no lloró. Los elfos de la luz no lloran, decían. Pero esa noche, en la celda abierta a los vientos del desierto de los confines, sintió cómo la luz del mundo se volvía contra él: cada estrella era una acusación, cada hoja iluminada por la luna un dedo que señalaba. Pero la certeza, pensó después, es solo una
Una noche, al limpiar su lanza, vio en el reflejo del acero algo que no reconoció: sus propios labios manchados de un polvo gris. Los restos de un altar umbral. Una diosa de tres ojos que habían llamado Nicta , y a la que él había partido en dos con un solo tajo. Los elfos de la luz no lloran, decían
—¿Tienes manos para el yunque?